El Estratega de Metal
Public Story

El Estratega de Metal

El rugido de los motores iónicos vibra a través de la estructura del Vengador, mi nave insignia. Desde el puente de mando, observo la pantalla holográfica que proyecta el campo de batalla sobre Taris: una danza de luces verdes y rojas, naves que explotan en silencio, escombros que giran lentamente en la oscuridad.

ImmortalReaper885
AuthorImmortalReaper885
Created25. August 2026
Chapters16

Story context

World description

La galaxia está dividida por la Guerra de las Clones. La República, bajo el Canciller Palpatine, defiende su integridad con ejércitos de clones. La Confederación Separatista, una coalición de gremios (Federación de Comercio, Gremio de Minería, Tecno-Unión, etc.), busca independencia económica y política. Ambos bandos emplean droides de batalla, naves capitales y superarmas. Entre ellos, sistemas neutrales como Mandalore se man...

Initial situation

Las Guerras Clon acaban de estallar y la galaxia se desangra en un conflicto que nadie comprende del todo. Kael Vex, un esclavo liberado de Tatooine a un precio terrible, ha sido ascendido a Almirante Mercenario de la Confederación Separatista. Cree en la causa: libertad para los sistemas oprimidos, fin del monopolio de la República. Pero desprecia a sus líderes: el Conde Dooku, los Neimoidianos y los burócratas que usan la gu...

Objective

Sobrevivir, descubrir la verdad y demostrar su valía. Kael Vex cree en la causa separatista: libertad para los sistemas oprimidos, fin del dominio de la República. Pero desprecia a los líderes que la corrompen. Su obsesión por los Jedi nace de un rechazo: quiso ser uno, pero no fue elegido por carecer de la Fuerza. Por eso perfeccionó su esgrima con vibroespada: para igualarlos en combate, para demostrar que un "normal" puede ...

Character introduction

Kael Vex

Kael Vex

Role: Almirante Mercenario Separatista / Estratega de flota

PersonalityFrío, nihilista, arrogante y calculador. Obsesivamente pulcro. Cree en la causa separatista, pero desprecia a sus líderes corruptos. Es fanático de los Jedi porque quiso ser uno y fue rechazado; estudia sus técnicas y perfeccionó su esgrima con vibroespada para igualarlos. Sabe que cualquier medio es necesario. Desconfía de todos, pero respeta a los sistemas neutrales. Su odio hacia los Jedi es profundo, aunque siente una fascinación mórbida por ellos y los Sith, a quienes estudia para cazarlos.
FlawsArrogancia, Desconfianza patológica: le impide formar lazos auténticos, incluso con aliados leales. Obsesión por los Jedi. Dependencia de sus implantes cibernéticos: si son dañados, su capacidad de combate y percepción se reducen drásticamente. Nihilismo: tiende a la indiferencia moral, lo que lo aísla.
AppearanceHumano, 1.92 m, complexión atlética y apuesta. Cabello corto peinado hacia atrás, bigote sencillo, mandíbula marcada, piel clara con cicatrices. Viste traje negro ajustado con gabardina de gala de oficial separatista. Brazo izquierdo robótico con juntas metálicas visibles; piernas cibernéticas desde las rodillas; costillas, columna y parte del cerebro reemplazadas por implantes. Líneas metálicas recorren su torso. Ojo derecho con doble lente plateado sobre fondo negro multiusos.
BackstoryEsclavo en Tatooine. Un Jedi lo abandonó para cumplir su misión, negándose a liberarlo. Escapó mutilado por explosiones; reconstruido con cibernética de combate. Rechazado por la Orden Jedi por no tener la Fuerza, se obsesionó con ellos. Ascendió en la Confederación Separatista por su genio táctico. Cree en la causa: libertad para los sistemas oprimidos, fin del dominio de la República. Pero desprecia a Dooku y los Neimoidianos. Ahora comanda una flota en el Borde Exterior....
RelationshipKael Vex – protagonista, almirante separatista. Conde Dooku – líder separatista, enemigo silencioso. Sikelt – droide prototipo, aprendiz y posible traidor. Serra Kaern – Jedi rival, respeto mutuo e interés romántico. Kriv – espía de Dooku, ejecutado por Kael. ...

Chapter samples

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Chapter 1
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El rugido de los motores iónicos vibra a través de la estructura del Vengador, mi nave insignia. Desde el puente de mando, observo la pantalla holográfica que proyecta el campo de batalla sobre Taris: una danza de luces verdes y rojas, naves que explotan en silencio, escombros que giran lentamente en la oscuridad. Aprieto la mandíbula. M...

El rugido de los motores iónicos vibra a través de la estructura del Vengador, mi nave insignia. Desde el puente de mando, observo la pantalla holográfica que proyecta el campo de batalla sobre Taris: una danza de luces verdes y rojas, naves que explotan en silencio, escombros que giran lentamente en la oscuridad. Aprieto la mandíbula. Mi brazo izquierdo, frío y metálico, descansa sobre el reposabrazos del sillón de mando. Las juntas se ajustan con un susurro hidráulico apenas perceptible. —Almirante, los cazas droides han establecido superioridad aérea en el sector siete —informa el teniente B1 a mi izquierda, su voz metálica y monótona. No respondo de inmediato. Mis dedos biológicos recorren el panel táctil, ampliando una sección del mapa. La flota de la República se retira, pero lo hacen en formación ordenada, casi como si esperaran nuestra persecución. Demasiado perfecto. Demasiado limpio. —Mantened la posición —ordeno al fin—. No persigáis. El oficial droide parpadea, confundido. —Pero, almirante, las órdenes del Conde Dooku son claras: aniquilar la flota republicana en Taris. —Las órdenes del Conde Dooku —repito, saboreando las palabras como si fueran veneno— son las de un anciano que nunca ha pisado un campo de batalla. Aquí hay algo que no encaja. Me pongo en pie. El movimiento es fluido, pero siento el peso de mis piernas cibernéticas, el zumbido constante de los servomotores que mantienen mi equilibrio. Cada paso es una afirmación de lo que soy: un monstruo de metal y carne, forjado en el dolor. Me acerco al cristal transparíceo que domina la sala. Abajo, la superficie de Taris gira, sus niveles superiores aún humeantes por los bombardeos. Recuerdo Tatooine. El calor. La arena. El Jedi que pasó de largo. —Señor —insiste el droide—, si no atacamos ahora... —¿Sabes cuál es la diferencia entre un estratega y un soldado, teniente? —pregunto sin volverme. —No, almirante. —El soldado sigue órdenes. El estratega decide cuáles seguir. El silencio se extiende. En la pantalla, las naves republicanas desaparecen en el hiperespacio. Hemos ganado la batalla. Pero no siento victoria. Solo una certeza incómoda, como una astilla bajo la piel. Algo se mueve en las sombras de esta guerra. Y yo, Kael Vex, esclavo liberado, almirante mercenario, tengo la intención de descubrir qué es. Antes de que me devore.

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Chapter 2
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El silencio en el puente se alarga mientras las últimas estelas de las naves republicanas se desvanecen en la oscuridad del espacio. Me giro, el abrigo crujiendo con el movimiento, y camino de vuelta hacia la consola central. —Teniente, quiero un informe completo del estado de la flota. Bajas, munición, capacidad de salto —digo, mis dedo...

El silencio en el puente se alarga mientras las últimas estelas de las naves republicanas se desvanecen en la oscuridad del espacio. Me giro, el abrigo crujiendo con el movimiento, y camino de vuelta hacia la consola central. —Teniente, quiero un informe completo del estado de la flota. Bajas, munición, capacidad de salto —digo, mis dedos golpeando el panel metálico—. Y tráeme los datos de inteligencia más recientes sobre los movimientos de la República en el sector. El droide asiente con su torpeza característica y comienza a teclear. Las pantallas holográficas cobran vida con columnas de datos que parpadean en azul y verde. Apoyo mi mano biológica en el borde de la consola, sintiendo la vibración constante del motor hiperespacial a través del metal. —Almirante —el teniente B1 se detiene, su procesador visiblemente trabajando—, los informes indican que la República ha reforzado su presencia en el sistema de Ryloth. El Conde Dooku solicita que desplacemos la flota para apoyar un ataque coordinado. Ryloth. Muerdo el interior de mi mejilla. Un mundo estratégico, sí, pero también una trampa perfecta si los republicanos esperan nuestro movimiento. Demasiado obvio. Demasiado predecible. —¿Y qué hay de nuestros suministros? —pregunto, desviando la mirada hacia los indicadores de combustible—. ¿Podemos permitirnos un despliegue prolongado? —Las reservas de combustible hiperespacial están al sesenta por ciento, almirante. Los astilleros de Geonosis no han enviado los refuerzos prometidos. Por supuesto que no. Los neimoidianos siempre encuentran excusas cuando se trata de cumplir sus promesas. Aprieto el puño, el metal de mis nudillos protésicos rechinando suavemente. —Entonces no iremos a Ryloth. No con la mitad del depósito y sin cobertura de flanco. —Me enderezo, fijando la mirada en el mapa estelar—. Traza una ruta hacia el sistema de Christophsis. Hay una base de aprovisionamiento neutral allí. Podemos reabastecernos y evaluar la situación sin comprometernos. El droide duda. —Pero, almirante, las órdenes del Conde... —Las órdenes del Conde —interrumpo, mi voz cortante como el filo de mi vibroespada— son sugerencias. Yo comando esta flota. Yo decido cómo mantenerla operativa. Me vuelvo hacia el cristal transparíceo, observando las luces de Taris que se alejan lentamente mientras el Vengador ajusta su rumbo. La guerra continúa, implacable, y yo sigo moviendo piezas en un tablero que alguien más diseñó. Pero mientras tenga mi flota, mientras tenga mi criterio, seguiré siendo el dueño de mi propio destino. El zumbido de los motores cambia de tono, preparándose para el salto al hiperespacio.

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Chapter 3
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El teniente B1 parpadea sus sensores ópticos mientras proceso las palabras que acabo de pronunciar. Me giro lentamente, el abrigo rozando mis piernas cibernéticas, y apoyo la mano orgánica en el borde de la consola. —Tiene sentido táctico, almirante —dice el droide con su tono monocorde—. La base de Christophsis nos daría control sobre l...

El teniente B1 parpadea sus sensores ópticos mientras proceso las palabras que acabo de pronunciar. Me giro lentamente, el abrigo rozando mis piernas cibernéticas, y apoyo la mano orgánica en el borde de la consola. —Tiene sentido táctico, almirante —dice el droide con su tono monocorde—. La base de Christophsis nos daría control sobre las rutas de suministro del sector. —Exactamente —respondo, y mi voz sale más firme de lo que esperaba—. La Tecno Unión mantiene Ryloth. Sus fuerzas son suficientes para contener cualquier avance republicano mientras nosotros aseguramos nuestra retaguardia. Cuando tomemos esa base neutral, cortaremos los recursos de la República en la región. No podrán lanzar ofensivas sin perder más de lo que ganan. El mapa holográfico parpadea frente a mí, mostrando las rutas estelares del Borde Exterior. Christophsis brilla como un punto anaranjado en la penumbra azulada de la proyección. Trazo una línea imaginaria con el dedo metálico, conectando los puntos estratégicos. —Comunícame con el encargado de Ryloth —ordeno, enderezando los hombros—. Quiero notificarle personalmente que fortalezca las defensas. Que se prepare para una resistencia prolongada sin apoyo de nuestra flota. El droide asiente y sus dedos metálicos bailan sobre el panel de comunicaciones. La estática llena el puente durante unos segundos antes de que la señal se estabilice. Una voz metálica y procesada responde al otro lado, el acento característico de un supervisor de la Tecno Unión. —Aquí base Ryloth. ¿A qué debo el honor, almirante Vex? Apoyo ambas manos en la consola, inclinándome ligeramente hacia el holograma que comienza a tomar forma. Una figura azulada y granulada se materializa frente a mí, los rasgos de un Neimoidiano apenas distinguibles a través de la interferencia. —Supervisor —digo, midiendo cada palabra—. La flota se desvía a Christophsis para asegurar una base de suministros. Ryloth queda bajo tu responsabilidad directa. Refuerza las defensas planetarias, mina los accesos orbitales y prepara a tus tropas para un asedio prolongado. No esperes refuerzos hasta nuevo aviso. El Neimoidiano frunce el ceño, sus ojos oscuros estrechándose. —Eso no estaba en los planes del Conde Dooku, almirante. —Los planes cambian —respondo, y mi tono no admite réplica—. Ejecuta las órdenes o explica tu fracaso personalmente al Conde. La elección es tuya. La línea se corta antes de que pueda responder. Me recuesto, sintiendo el zumbido de los motores hiperespaciales acumulando energía bajo mis pies. Christophsis nos espera, y con ella, la oportunidad de demostrar que mi camino es el correcto.

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