El Caballero Oscuro
Public Story

El Caballero Oscuro

El viento matinal movía las hojas de los robles con un susurro constante, y Zephyra lo sintió acariciar su nuca mientras permanecía inmóvil tras el tronco de un árbol añoso. La madera rugosa presionaba contra su hombro izquierdo, y el cuero de su coraza crujió apenas cuando ajustó su postura.

Adama33
AuthorAdama33
Created23. August 2026
Chapters55

Story context

World description

Es un mundo desarrollado en la edad media que es de fantasía

Initial situation

Zephyra estaba calculando la distancia de tiro con el arco para matar a un noble malvado que estaba cazando en el bosque junto a su escudero

Objective

Zephyra quiere vengarse de los nobles, mientras asesina a otros señores feudales tiranos hasta que encuentre a los Brightshield, que le arrebataron a su familia y su aldea, pero lo que no sabe es que tal vez descubra grandes secretos en el camino como que tal vez su hermano pequeño siga vivo

Character introduction

Zephyra

Zephyra

Role: Arquera asesina de nobles tiranos, le llaman "El caballero oscuro" ya que creen que es un hombre que libra a los campesinos de sus señores feudales malvados y siempre va con capa y capucha negra cuando asesina a esos nobles

PersonalityCarácter fuerte, dura, valiente, fría, con grande sentido de la justicia, terca, perseverante, solidaria, honesta, directa, astuta, impulsiva, inteligente, desconfiada, reservada, calculadora, seria, empática, atrevida, sigilosa, desafiante, misteriosa, un poco oscura, luchadora y enfadona
FlawsAl tener traumas desde niña es muy desconfiada, a veces puede ser agresiva o violenta si se ve amenazada o ve amenazados a sus seres queridos, con un carácter muy fuerte, no se abre fácilmente con los demás y puede ser poco sentimental aunque sea muy buena persona y se preocupe por los más débiles y vulnerables. Además tiene sed de venganza que hace que a parte de asesinar a señores feudales tiranos siempre este buscando el momento para matar a su señor feudal anterior, el asesino de su familia
AppearancePelo rubio anaranjado oscuro largo y ondulado, ojos grandes de color azul eléctrico con tonos morados, piel bastante blanca con algunas pecas en la cara, altura mediana, cuerpo con curvas, labios gruesos y rosados y nariz redonda y mediana
BackstoryCon 7 años perdió a toda su familia (sus padres y su hermano pequeño que era apenas un bebé) en un incendio en su casa provocado por sus señores feudales, que incendiaron toda su aldea y asesinaron a la mayoría de sus habitantes por revueltas que hubo en el poblado contra los nobles. Después los supervivientes se la llevaron a otro pueblo donde una pareja mayor decidió adoptarla por pena, su padre adoptivo es el herrero del pueblo pero fue caballero y le enseñó luchar, ahora mata nobles tiranos
RelationshipGrimwald y Lydia son los padres adoptivos de Zephyra, Zephyra y Varis son hermanos aunque no lo sepan, Valkor y Thalina criaron a Varis como si fuera hijo suyo, aunque por parte de Valkor con ligero desprecio, Kaidan es hijo biológico de Valkor y Thalina y sup...

Chapter samples

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Chapter 1
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El viento matinal movía las hojas de los robles con un susurro constante, y Zephyra lo sintió acariciar su nuca mientras permanecía inmóvil tras el tronco de un árbol añoso. La madera rugosa presionaba contra su hombro izquierdo, y el cuero de su coraza crujió apenas cuando ajustó su postura. A treinta pasos, el barón Aldric de Thornwood...

El viento matinal movía las hojas de los robles con un susurro constante, y Zephyra lo sintió acariciar su nuca mientras permanecía inmóvil tras el tronco de un árbol añoso. La madera rugosa presionaba contra su hombro izquierdo, y el cuero de su coraza crujió apenas cuando ajustó su postura. A treinta pasos, el barón Aldric de Thornwood reía a carcajadas mientras su escudero le alcanzaba una jarra de vino. El noble vestía una túnica de caza verde oscuro bordada en hilos dorados, demasiado elegante para la suciedad del bosque. Demasiado ostentosa para un hombre que había ahorcado a tres campesinos la semana anterior por no pagar un impuesto sobre el aire que respiraban. Zephyra entrecerró los ojos, y el azul eléctrico de su mirada se tornó casi violeta bajo la sombra de la capucha negra que cubría su cabeza. Calculó la distancia con la precisión de quien ha hecho esto decenas de veces. La trayectoria. El viento. La ligera inclinación hacia la izquierda que tendría que compensar. Sus dedos rozaron la cuerda del arco largo, un arma de fresno y tendón que había pertenecido a su padre adoptivo antes de que las canas le impidieran tensarla. Recordaba el peso de aquel arco en sus manos cuando era una niña, demasiado grande para ella, y cómo había jurado dominarlo. —Señor, deberíamos regresar al castillo —dijo el escudero, un muchacho de no más de dieciséis años, con el rostro marcado por las pecas y la preocupación—. El bosque no es seguro desde que se sabe que el Caballero Oscuro ronda estas tierras. El barón soltó una risa burlona. —¿Ese fantasma de capa negra? Cuentos para asustar a niños y mujeres. Si se atreve a aparecerse ante mí, le partiré el cráneo con mi maza. Zephyra sintió el calor familiar de la ira extenderse por su pecho. Pero no era una ira ciega. Era fría, calculada, la misma que la había mantenido con vida durante veinte años de cacería. Esperó. El barón se giró, ofreciendo su perfil derecho. Su cuello quedó expuesto por un instante cuando alzó la jarra para beber. Ese instante bastó. Zephyra inspiró profundamente, el aire fresco del bosque llenando sus pulmones. Tensó la cuerda con movimientos suaves, el músculo de su hombro desnudo marcándose bajo la piel blanca salpicada de pecas. La flecha, de punta afilada y plumas de cuervo, quedó alineada con su ojo derecho. El mundo se redujo a un punto: el espacio entre el borde de la gorguera de cuero del barón y su mandíbula. Exhaló. Y soltó.

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Chapter 2
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La cuerda vibró con un zumbido seco que se perdió entre el rumor de las hojas. La flecha cruzó el claro en un destello imperceptible, una sombra dentro de las sombras del bosque, y encontró su destino con la precisión de veinte años de práctica. El barón Aldric dejó de reír. La jarra de vino se le escapó de las manos y estalló contra el...

La cuerda vibró con un zumbido seco que se perdió entre el rumor de las hojas. La flecha cruzó el claro en un destello imperceptible, una sombra dentro de las sombras del bosque, y encontró su destino con la precisión de veinte años de práctica. El barón Aldric dejó de reír. La jarra de vino se le escapó de las manos y estalló contra el suelo, esparciendo un charco rojizo sobre la hojarasca. El noble llevó las manos a su cuello con una expresión de confusión, como si no comprendiera qué acababa de suceder. Sus dedos encontraron el astil de la flecha, y cuando los retiró estaban manchados de carmesí. Quiso hablar, pero de su garganta solo brotó un gorgoteo húmedo. El escudero lo vio caer de rodillas primero, luego desplomarse hacia adelante, el peso muerto de su cuerpo golpeando la tierra con un sonido sordo. La túnica verde oscuro se empapó de barro y sangre mientras el muchacho retrocedía, el rostro pálido y los ojos desorbitados. —¡Señor! —gritó, pero la voz le salió quebrada, un hilo apenas audible. Zephyra no esperó a que el muchacho reaccionara. Ya estaba en movimiento, las piernas impulsándola fuera del refugio del árbol mientras el arco volvía a colgarse en su espalda. Sus botas apenas rozaban el suelo, acostumbradas a pisar donde las hojas no crujían, donde la tierra estaba firme. El caballo del barón, un corcel tordo de crines negras, pastaba atado a un roble cercano. Había sido entrenado para la guerra, para no espantarse con el ruido de las armas, y aunque sus orejas se movieron inquietas al verla acercarse, no retrocedió. Zephyra cortó la cuerda que lo sujetaba de un solo tajo de su cuchillo, puso el pie en el estribo y montó con la agilidad de quien ha hecho aquello mil veces. Las riendas se ajustaron a sus dedos, y sintió el calor del animal bajo sus muslos, la potencia contenida en sus músculos. —¡Eh! —gritó el escudero desde atrás, la voz teñida de pánico—. ¡Alto! Pero ella ya espoleaba los flancos del caballo, y el animal respondió con un relincho y un envión que la sacudió entera. El bosque comenzó a desfilar a su alrededor, los troncos convirtiéndose en manchas borrosas mientras el viento le azotaba la capucha contra el rostro. Dejó atrás el claro, el cuerpo del barón, los gritos cada vez más lejanos del escudero. El camino de tierra que llevaba al pueblo de Robledal apareció ante ella, y el caballo, sintiendo la libertad de la carrera, estiró el galope hasta convertir el paisaje en un rumor verde y dorado. El pueblo no quedaba lejos. Unas pocas leguas, el tiempo justo para que el caballo se enfriara antes de llegar a la taberna donde nadie preguntaría el nombre de una viajera encapuchada.

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Chapter 3
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El pueblo de Robledal apareció entre los árboles cuando el sol comenzaba a inclinarse hacia el oeste, tiñendo el cielo de tonos anaranjados. Zephyra aminoró el paso del caballo, dejando que el animal transicionara del galope al trote y luego al paso mientras cruzaba las primeras casas de madera y adobe. La posada se alzaba en la plaza pr...

El pueblo de Robledal apareció entre los árboles cuando el sol comenzaba a inclinarse hacia el oeste, tiñendo el cielo de tonos anaranjados. Zephyra aminoró el paso del caballo, dejando que el animal transicionara del galope al trote y luego al paso mientras cruzaba las primeras casas de madera y adobe. La posada se alzaba en la plaza principal, un edificio de dos plantas con una tablilla descolorida donde alguien había pintado un ciervo dorado. De su chimenea salía un humo grisáceo que olía a leña quemada y, mezclándose con el aire, un tenue aroma a estofado. Zephyra desmontó frente a las cuadras, entregó las riendas a un mozo que apenas levantó la mirada del suelo y, con la capucha bien ajustada, empujó la puerta de la posada. El calor del interior la golpeó como una pared. El establecimiento estaba lleno de campesinos que regresaban de los campos, algunos comerciantes y un par de soldados de baja alcurnia que bebían en silencio cerca de la chimenea. Las conversaciones llenaban el espacio con un murmullo constante, entremezclado con el crepitar del fuego y el chocar de jarras de barro. Zephyra se acercó al mostrador, donde una mujer de cabellos grises y brazos robustos secaba unos cuencos con un trapo. —Necesito una habitación para la noche y algo de comer —dijo, dejando caer una moneda de cobre sobre la madera. La posadera la miró de arriba abajo, evaluando el arco que asomaba tras su capa y la capucha que ocultaba su rostro, pero no hizo preguntas. En tiempos como aquellos, los viajeros encapuchados no eran rareza, y las monedas de cobre hablaban más alto que las palabras. —Arriba, la segunda puerta a la derecha. Bajo en un momento la comida —respondió la mujer, atrapando la moneda con destreza. Zephyra asintió y subió las escaleras de madera que crujían bajo sus botas. La habitación era pequeña pero limpia: una cama estrecha, una jofaina con agua y una vela a medio consumir sobre una mesa coja. Dejó el arco apoyado contra la pared, se quitó la capa y se sentó en el borde del colchón, esperando. No tardó mucho en bajar. La sala común seguía igual de concurrida, pero encontró un rincón apartado cerca de la ventana, desde donde podía ver tanto la puerta como el resto del local. La posadera le dejó un plato de estofado de conejo, un trozo de pan moreno y una jarra de cerveza aguada. Zephyra comió despacio, desmenuzando el pan en el caldo espeso, cuando una conversación cercana captó su atención. —...y dicen que apareció de la nada —decía un campesino de manos callosas y barba descuidada, inclinado sobre la mesa donde compartía jarra con otro hombre—. Una flecha, una sola, y el barón Aldric cayó como un saco de patatas. —¿El Barón Aldric? —preguntó el otro, los ojos abiertos de par en par—. ¿El de Thornwood? —El mismo. El escudero llegó al pueblo esta tarde, temblando como un junco, y contó todo. Dijo que el Caballero Oscuro salió de entre los árboles como una sombra, que ni siquiera la vieron llegar. Zephyra mordió el pan sin apartar la mirada del plato, pero los oídos bien abiertos. —¡Por los dioses! —exclamó el segundo campesino, golpeando la mesa con la palma—. Ese hombre es un azote para los nobles. Dicen que ya ha matado a media docena de señores en los últimos meses. —Y que siempre deja una marca, una flecha negra clavada en el lugar donde cayó el tirano. Como un mensaje. El primero rió entre dientes, alzando su jarra. —¡Que sigan cayendo! Mientras haya nobles que nos expriman como uvas, que el Caballero Oscuro los vaya recogiendo uno a uno. ¡Salud por él! —¡Salud! Zephyra bajó la mirada hacia el estofado, sintiendo un leve calor en el pecho que no venía del fuego. No sonrió —no era mujer de sonrisas fáciles—, pero hubo algo en aquellas palabras, en la forma en que los campesinos brindaban por un desconocido, que le recordó por qué hacía lo que hacía. La jarra de cerveza estaba vacía cuando la posadera pasó a recoger el plato.

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