
Misterio en alta mar
El sol del mediodía golpea la cubierta de metal blanco mientras el Slonar Class se eleva frente a ellos como un rascacielos horizontal. Belén sujeta la correa de su mochila con ambas manos, los nudillos blancos, y levanta la vista para recorrer los interminables balcones de cristal oscuro que brillan bajo el calor.
Story context
World description
Un enorme crucero con todas las comodidades, que puede albergar un crucero de lujo con renombre. El viaje durará un mes y estarán en alta mar, sin forma de salir, hasta el día que vuelvan a tierra.
Initial situation
Una clase de universitarios están de viaje fin de año, celebrando que solo les queda un año más, para terminar sus respectivas carreras en la universidad. La historia empieza cuando entran al lujoso crucero llamado "Slonar Class". Los amigos de la protagonista y la propia protagonista, descubren un cadáver (uno de sus compañeros de universidad), que no debían haber visto nunca y se ven envueltos en una red peligrosa, donde sus...
Objective
Escapar de las garras de quienes cometieron el crimen, descubrir sus identidades, el motivo del asesinato y sobrevivir hasta el final del viaje, cuando lleguen a tierra firme y puedan estar a salvo.
Chapter samples
1Chapter 1▾
El sol del mediodía golpea la cubierta de metal blanco mientras el Slonar Class se eleva frente a ellos como un rascacielos horizontal. Belén sujeta la correa de su mochila con ambas manos, los nudillos blancos, y levanta la vista para recorrer los interminables balcones de cristal oscuro que brillan bajo el calor. —¿Te queda bien? —preg...
El sol del mediodía golpea la cubierta de metal blanco mientras el Slonar Class se eleva frente a ellos como un rascacielos horizontal. Belén sujeta la correa de su mochila con ambas manos, los nudillos blancos, y levanta la vista para recorrer los interminables balcones de cristal oscuro que brillan bajo el calor. —¿Te queda bien? —pregunta Raquel a su lado, con una sonrisa idéntica a la suya, aunque en ella el gesto resulta más desafiante. Belén asiente sin soltar la mochila. A su alrededor, el bullicio de los estudiantes llena el aire: risas, maletas que arrastran, el pitido intermitente de los megáfonos del personal del puerto. Alex ya está haciendo una transmisión en vivo con el móvil, girando sobre sí mismo para mostrar el casco del barco. Candela se queja del calor mientras se abanica con el pasaporte, y Nacho carga cuatro maletas como si fueran de plástico. —Vamos, Belén, no te quedes ahí paralizada —dice Candela sin mirarla, ajustándose las gafas de sol—. Esto es un crucero, no un funeral. Belén sonríe por compromiso y sigue al grupo hacia la pasarela de embarque. El interior del barco la recibe con una bocanada de aire acondicionado que huele a cera y perfume caro. Mosaicos dorados recubren las paredes del atrio central, y una escalera de caracol de mármol blanco conecta los primeros pisos. Es demasiado. Demasiado grande, demasiado lujoso, demasiado lejos de tierra firme. —Vamos a buscar los camarotes —dice Nacho, consultando el móvil—. Los nuestros están en la cubierta tres. El grupo se abre paso entre la multitud de pasajeros. Belén camina detrás, observando los rostros que pasan: familias con niños, parejas mayores, y otros estudiantes que reconocen del campus. Todo parece normal. Todo parece seguro. Hasta que Alex se desvía por un pasillo equivocado. —Por aquí hay un atajo —dice, señalando un corredor estrecho con luces parpadeantes. —Eso no es un atajo, es un pasillo de servicio —responde Candela, pero ya lo siguen. Belén siente un escalofrío que no tiene nada que ver con el aire acondicionado. El pasillo huele a metal y a humedad, y el ruido de la fiesta se apaga detrás de ellos. Cuando Alex abre la primera puerta que encuentra, buscando una salida, lo que ven al otro lado los deja helados. Un cuerpo yace en el suelo de la sala de mantenimiento. El rostro, amoratado, les resulta familiar. Es Mario, el chico de ingeniería que compartía apuntes con Nacho. La puerta se cierra detrás de ellos con un clic metálico.
2Chapter 2▾
El pánico se apodera de Belén antes de que su cerebro termine de procesar lo que ha visto. Su mano vuela hacia el picaporte y tira de él con todas sus fuerzas, pero la puerta no se mueve. Vuelve a intentarlo, esta vez golpeando la palma contra el metal, y un sonido sordo retumba en el pasillo. —Está atrancada —susurra, y su propia voz le...
El pánico se apodera de Belén antes de que su cerebro termine de procesar lo que ha visto. Su mano vuela hacia el picaporte y tira de él con todas sus fuerzas, pero la puerta no se mueve. Vuelve a intentarlo, esta vez golpeando la palma contra el metal, y un sonido sordo retumba en el pasillo. —Está atrancada —susurra, y su propia voz le suena ajena, demasiado alta en el silencio que los envuelve. Nadie responde. Alex sigue mirando el cuerpo de Mario, con el móvil aún en la mano, la transmisión en vivo olvidada. Candela se ha llevado una mano a la boca y sus ojos azules parecen a punto de salirse de las órbitas. Nacho deja caer las maletas al suelo con un golpe sordo y da un paso adelante, hacia el cadáver. —No puede ser —murmura, y hay algo en su voz, una rotura, que Belén no le ha escuchado nunca. Raquel es la única que se mueve con determinación. Aparta a Belén de la puerta con suavidad y prueba el picaporte ella misma. La cerradura no cede. —No está cerrada con llave —dice, apoyando el hombro contra la madera—. Algo la bloquea desde fuera. Belén siente que el suelo se inclina bajo sus pies. No es el barco. Es el miedo, denso y pegajoso, trepándole por la garganta. Mira a su alrededor, al pasillo estrecho con sus luces parpadeantes, a las tuberías vistas que recorren el techo, a las rejillas de ventilación que exhalan un aire frío y metálico. —Alguien nos ha encerrado aquí —dice Candela, y su voz se quiebra al final de la frase. Nacho se gira por fin, apartando la vista del cuerpo de Mario. Sus ojos recorren el grupo, y Belén ve cómo su mandíbula se tensa, cómo los tatuajes de sus brazos se marcan bajo la piel al apretar los puños. —Tranquilos —dice, pero no es una orden, es un intento de convencerse a sí mismo—. Busquemos otra salida. Belén se pega a la pared, las rodillas flojas, y observa cómo Alex se acerca al cadáver con pasos lentos, como hipnotizado. El móvil tiembla en su mano. La pantalla sigue encendida, y por un instante Belén se pregunta cuántas personas habrán visto ya lo que hay al otro lado de esa puerta.
3Chapter 3▾
Belén fuerza la voz, aunque le tiembla igual que las piernas. Se separa de la pared y da un paso hacia Alex, que sigue inmóvil frente al cadáver, con el móvil tembloroso apuntando al suelo. —Alex, por favor —dice, y nota que su tono es más firme de lo que esperaba—. Aléjate del cuerpo de Mario y apaga la transmisión. Alex parpadea como ...
Belén fuerza la voz, aunque le tiembla igual que las piernas. Se separa de la pared y da un paso hacia Alex, que sigue inmóvil frente al cadáver, con el móvil tembloroso apuntando al suelo. —Alex, por favor —dice, y nota que su tono es más firme de lo que esperaba—. Aléjate del cuerpo de Mario y apaga la transmisión. Alex parpadea como si despertara de un trance. Baja el teléfono, mira la pantalla un instante —los comentarios siguen fluyendo, decenas de personas preguntando qué está pasando— y pulsa el botón de detener. La luz roja se apaga. Se guarda el móvil en el bolsillo y da dos pasos atrás, alejándose del cuerpo, pero sus ojos no terminan de despegarse de la forma inmóvil en el suelo. Belén exhala. Luego se obliga a moverse, a hacer algo útil. Recorre el pasillo con la mirada, buscando cualquier cosa que pueda ser una salida. Las paredes son metálicas, frías, salpicadas de tuberías y cables. Al fondo, donde la luz parpadeante apenas alcanza, distingue una rejilla de ventilación del tamaño suficiente para que una persona pudiera arrastrarse por ella. Más allá, una puerta estrecha, casi oculta entre las sombras, con un letrero desgastado que pone «Sala de máquinas. Acceso restringido». —Ahí —señala Belén, y su voz sale más alta de lo que pretendía—. Hay otra puerta. Raquel sigue su mirada y asiente. Se acerca a la puerta estrecha y prueba el picaporte. Gira. La hoja se abre unos centímetros, dejando ver un pasadizo oscuro del que emerge un rumor sordo de maquinaria y un calor denso, aceitoso. —Está abierta —dice Raquel, y por primera vez desde que encontraron el cuerpo, algo parecido a la esperanza se cuela en su voz. Nacho deja las maletas donde está y se acerca a la puerta, asomando la cabeza al hueco. El resplandor anaranjado de unas luces de emergencia tiñe su rostro de sombras. —Huele a combustible —murmura—. Y a metal caliente. Candela se acerca a Belén, agarrándole el brazo con fuerza. —No voy a meterme ahí —susurra, y sus uñas se clavan en la tela de la chaqueta de Belén—. Parece una trampa.




