
El Camino Del Eclipse
El sol de la tarde se filtra entre las copas de los árboles cuando cruzo las puertas de Konoha. Mis brazos aún tiemblan por el esfuerzo de haber cargado a Akira y Sayo durante los últimos kilómetros.
Story context
World description
La historia tiene lugar en la reconstruida Hoja Oculta, las fronteras envueltas en niebla de la Tierra del Fuego y los templos abandonados de la era anterior al Primer Hokage. Con Hiruzen el actual Hokage. Las sombras de otras aldeas comienzan a moverse de nuevo: Arena, Niebla y Nube,Roca cada una con su propio interés en el poder que ahora se agita dentro de ti. Von muchos shinobis de esa generacion surgiendo y otros por apar...
Initial situation
Eres un recién graduado de la Academia de la Hoja Oculta, Tras conocer a tus compañeros de equipo y a tu sensei pasan muchos entrenamientos y momentos juntos hasta que llega la primera mision fuera de la aldea, ansioso por demostrar tu valía. Durante tu primera misión fuera de la aldea, tu equipo es emboscado por shinobi enmascarados que empuñan técnicas que nadie reconoce. Cuando despierta tus compañeros estan inconsientes, u...
Objective
Descubrir el origen de mi existencia, vivir una vida sin arrepentimientos y conceguur una verdadera familia e amigos. la verdad sobre diferentes clanes, incluyendo mis propios clanes. Descubriendo un poder inmenso dentrode mi y experimentando muchas aventuras de ese momento. ¿vivire aparentando ser debil cuando no lo soy?¿Utilizare el poder de mis clanes para el mal?¿terminare como los predecesores de mi clanes con la ideologi...
Chapter samples
1Chapter 1▾
El sol de la tarde se filtra entre las copas de los árboles cuando cruzo las puertas de Konoha. Mis brazos aún tiemblan por el esfuerzo de haber cargado a Akira y Sayo durante los últimos kilómetros. Sensei Daichi camina a mi lado, su expresión más grave de lo que nunca le había visto, y eso ya es decir. —El Hokage necesita ver ese perga...
El sol de la tarde se filtra entre las copas de los árboles cuando cruzo las puertas de Konoha. Mis brazos aún tiemblan por el esfuerzo de haber cargado a Akira y Sayo durante los últimos kilómetros. Sensei Daichi camina a mi lado, su expresión más grave de lo que nunca le había visto, y eso ya es decir. —El Hokage necesita ver ese pergamino ahora mismo —murmura, sin apartar la vista del camino—. Lleva a tus compañeros al hospital. Yo me encargo del informe. Asiento, pero mis dedos aprietan el rollo que el enmascarado me entregó antes de desvanecerse entre las sombras. El sello de remolino en su superficie brilla débilmente, como si aún conservara un resto de chakra. Es idéntico a los que aparecen en los pergaminos que heredé de mis padres. No puedo evitar preguntármelo: ¿sabían ellos algo de esto? ¿Los Uchiha y los Uzumaki tenían algún vínculo más profundo de lo que cuentan los libros de historia? Horas después, cuando el sol ya se ha ocultado tras las montañas, me encuentro en la sala del Hokage. Hiruzen Sarutobi sostiene el pergamino entre sus manos arrugadas, sus ojos recorriendo cada símbolo con una atención que me pone los pelos de punta. —¿Reconoces este sello, Jukimaji? —pregunta sin levantar la vista. —Es un sello Uzumaki, señor. Pero... —tito—. Pero no entiendo por qué esos shinobi lo usaban. Se suponía que el clan fue destruido hace años. El Hokage exhala lentamente, dejando el pergamino sobre su escritorio. Por un momento, su mirada se pierde en algún recuerdo lejano. —No fue destruido del todo. Algunos sobrevivieron, dispersos. Pero este símbolo en particular... —señala una espiral más intrincada en el centro—. Este es el sello del líder del clan. Del jefe de los Uzumaki. El silencio se alarga. Puedo oír mi propio corazón latiendo con fuerza. —Ese enmascarado quería que te entregara esto a ti —continúa Hiruzen—. No a cualquier shinobi. A ti específicamente. No digo nada. No puedo. Porque en mi pecho, algo se agita. Ese poder que he mantenido oculto durante años, ese chakra que sé que no debería poseer, vibra como si reconociera algo en aquel pergamino. El Hokage me observa largamente, y por un instante tengo la sensación de que ve más de lo que debería. —Descansa esta noche —dice al fin—. Mañana hablaremos de esto con más calma. Y Jukimaji... —hace una pausa—. Ten cuidado. Hay fuerzas moviéndose que no comprendemos del todo. Salgo de la torre con el pergamino en mi poder y más preguntas que respuestas. La luna se alza sobre Konoha, iluminando las calles vacías. En la distancia, el rostro tallado del Hokage me observa desde la montaña, recordándome el sueño que siempre he tenido. Pero ahora, por primera vez, siento que hay algo más grande esperándome en las sombras. Algo que tiene que ver con mi sangre. Con lo que soy realmente.
2Chapter 2▾
Las calles de Konoha se extienden frente a mí mientras camino de regreso, pero mi mente está en otra parte. Los rostros tallados del Hokage me observan desde la montaña, y yo repaso una y otra vez lo que acabo de descubrir. El clan Uchiha siempre ha estado aquí, en la aldea. Sus miembros viven entre nosotros, entrenan, patrullan, sirven ...
Las calles de Konoha se extienden frente a mí mientras camino de regreso, pero mi mente está en otra parte. Los rostros tallados del Hokage me observan desde la montaña, y yo repaso una y otra vez lo que acabo de descubrir. El clan Uchiha siempre ha estado aquí, en la aldea. Sus miembros viven entre nosotros, entrenan, patrullan, sirven a la Hoja. Pero nunca había oído hablar de una unión entre ellos y los Uzumaki. Mis padres... ¿cómo fue posible? ¿Cómo terminaron juntos un Uchiha y una Uzumaki en una época donde ambos clanes estaban al borde de la extinción? Las palabras del Hokage resuenan en mi cabeza: "No fue destruido del todo. Algunos sobrevivieron." Y entonces lo recuerdo. La viuda del Primer Hokage. Esa mujer mayor que vive en las afueras, la que todos evitan mencionar. La jinchuriki del Nueve Colas. Ella es Uzumaki. Siempre lo ha sido. El pensamiento se desvanece cuando algo llama mi atención. Cerca de las aguas termales, un bulto sospechoso se mueve entre los arbustos. Una mata de cabello blanco asoma entre las hojas, y reconozco esa silueta encorvada con los dedos manchados de tinta. Jiraiya. Sonrío para mis adentros. Tiene dieciocho años, igual que Akira y Sayo, y se supone que es uno de los shinobi más prometedores de la generación del Tercer Hokage. Se rumorea que pronto dejará la aldea para entrenar en algún lugar remoto. Y aquí está, espiando las aguas termales como un vulgar mirón. Me acerco con sigilo, pisando apenas el suelo de tierra. Cuando estoy justo detrás de él, inclino la cabeza y susurro: —¿Qué haces? Jiraiya da un salto tan brusco que casi pierde el equilibrio. Gira la cabeza con los ojos desorbitados, las mejillas encendidas. —¡J-Jukimaji! —tartamudea, bajando la voz—. No es lo que parece. Es solo que... mis últimos días en la aldea, ¿sabes? Quería... disfrutar un poco antes de irme. Arqueo una ceja. —¿Disfrutar? ¿Espiando? —¡Es investigación! —protesta, pero su voz tiembla—. Para mis técnicas. Necesito conocer la anatomía femenina para mis sellos y... —Claro, claro. A pesar de todo, termino sentándome a su lado. Hemos interactuado antes, en misiones menores y entrenamientos conjuntos. Me cuenta que se va al Monte Myoboku, el reino de los sapos, para entrenar con el Gran Sapo Erudito. Habla con una pasión que casi me hace olvidar lo absurdo de la situación. Pero entonces, un grito atraviesa la noche. —¡PERVERTIDOS! Las mujeres de las aguas termales nos han visto. Una lluvia de cubos, toallas y sandalias vuelan hacia nosotros. Jiraiya no espera ni un segundo: sale disparado calle abajo con una velocidad que contradice su complexión. —¡Maldito seas, Jiraiya! —mascullo mientras corro tras él. Las dueñas del establecimiento salen detrás de nosotros, pero las voy perdiendo en las calles secundarias. Jiro, jadeo, giro en una esquina y— Alguien choca contra mí. Caemos al suelo en un revuelo de brazos y piernas. Cuando logro enfocar la vista, veo un cabello rubio y unos ojos marrones que me miran con furia. Tsunade. Está encima de mí, con el rostro encendido por la ira y la carrera. Su puño se eleva en el aire. —Tú y ese idiota de Jiraiya... —gruñe—. ¡¿En qué estabais pensando?! En mi mente, solo acierto a maldecir a Jiraiya una y otra vez mientras su puño se acerca peligrosamente a mi cara.
3Chapter 3▾
El puño de Tsunade impacta contra mi cara con una fuerza que me hace ver estrellas. No es un golpe cualquiera; es un golpe cargado de toda la frustración de haber estado persiguiendo a Jiraiya durante años. El segundo impacto me alcanza en el hombro cuando intento protegerme, y el tercero me atrapa en la costilla mientras ruedo por el sue...
El puño de Tsunade impacta contra mi cara con una fuerza que me hace ver estrellas. No es un golpe cualquiera; es un golpe cargado de toda la frustración de haber estado persiguiendo a Jiraiya durante años. El segundo impacto me alcanza en el hombro cuando intento protegerme, y el tercero me atrapa en la costilla mientras ruedo por el suelo. —¡Eres igual que él! —grita, pero su voz ya no tiene la misma furia—. Un pervertido de pacotilla. Entre golpe y golpe, mi mente viaja a los rumores que he escuchado sobre ella. Tsunade, la princesa de la aldea, nieta del Primer Hokage. Compañera de equipo de Jiraiya y Orochimaru, los tres discípulos del Tercero. Se dice que su fuerza es legendaria incluso entre los jonin, y que su conocimiento en medicina ya supera al de muchos especialistas. El cuarto golpe me alcanza en el brazo levantado. —No te juntes tanto con él —dice, y su puño se detiene a medio camino—. Si no, terminarás siendo un pervertido a tiempo completo. Parpadeo, aturdido. —¿Un pervertido a tiempo completo? —murmuro, más para mí mismo que para ella—. ¿Acaso me considera un pervertido? Tsunade resopla, se levanta, sacude su ropa y se aleja calle abajo sin mirar atrás. Su silueta se pierde entre las sombras de los tejados. Me incorporo con dificultad, cada músculo protestando. La hinchazón en mi mejilla ya comienza a formarse. Maldigo a Jiraiya en silencio mientras tomo el camino a casa. --- La puerta de mi hogar se abre con un chirrido familiar. Enciendo la luz y la habitación se revela ante mí: vacía, ordenada, fría. Una mesa para una persona. Una cama individual. Un par de tazones en el fregadero. Todo está en su sitio, pero falta algo. Falta vida. Mis ojos se posan en el marco sobre la repisa. Mis padres me sostienen en brazos, yo soy apenas un recién nacido envuelto en pañales. Mi madre sonríe, con ese cabello rojo característico de los Uzumaki cayendo sobre sus hombros. Mi padre, con los ojos negros y el rostro sereno de los Uchiha, me sostiene con cuidado, como si temiera romperme. Guardo el marco con cuidado y saco los pergaminos heredados. El del sello Uzumaki se despliega sobre la mesa. Paso las horas repasando cada símbolo, cada inscripción, buscando alguna pista sobre lo que aquellos shinobi enmascarados querían de mí. No encuentro nada. El cansancio me vence. Me dejo caer sobre la cama y el sueño me arrastra sin resistencia. --- Amanece. El dolor de los golpes de Tsunade ha disminuido, aunque la hinchazón aún se nota. Me visto rápido, ato el protector en mi frente y salgo. En el camino ayudo a una anciana a cargar sus compras, detengo a un niño que casi tropieza con una raíz, recojo una cesta de verduras que alguien dejó caer. Llego al hospital justo cuando el sol se eleva sobre los tejados. Daichi-sensei está en la puerta de la habitación de mis compañeros. Me mira y asiente. —Están bien —dice—. Solo necesitan reposo unos días. Pero tengo que decirte algo, Jukimaji. Hago una pausa. —Eres el más joven del equipo, y sin embargo lograste traerlos de vuelta tú solo. Akira y Sayo son chunin en rango, y tú, un genin recién ascendido, los cargaste durante kilómetros. —Su voz tiene un tono que no le había escuchado antes—. Es impresionante. Bajo la mirada, pero por dentro sonrío. Si supieras que mis habilidades ya alcanzan el nivel jonin, sensei. Daichi abre la puerta. La luz de la mañana entra en la habitación donde Akira y Sayo descansan, y yo cruzo el umbral tras él.




