Hambre de Gloria
Public Story

Hambre de Gloria

El sol de la mañana apenas se filtra entre las nubes grises cuando dejo caer la espada de entrenamiento, el metal resonando contra la tierra endurecida del patio. El sudor se desliza por mi frente y se pierde en el cuello de mi camisa roja, esa que bordé con hilos dorados formando el patrón de una espada, mi firma, mi promesa.

dios de la espada
Authordios de la espada
Created18. June 2026
Chapters8

Story context

World description

un mundo de fantasía occidental de baja magia solo hay pocos magos y los elegidos co. talentos son difícil de encontrar, guerras por doquier, hambre ,

Initial situation

brayan entreneando y después tratando de buscar dinero,la primsesa entrenado con su instructor de esgrima y mas

Objective

conquistar el mundo, enamorarse brayan y la princesa

Character introduction

Brayan

Brayan

Role: guerrero,conquistador,asesino,mago

Personalityambicióso,calculador,fiel,aveses traicionero,le gustan las mujeres lindas y las prinsesa ,talento para la magia
Flawsambicion
Appearancehermoso,ojos azules,pelo negro,fuerte,enorme miembro ,ropa roja con cosas d oro y adornos patrón de espada,talento para la magia
Backstorybastardo ,experto en la espada,y en todas las armas , cuerpo a cuerpo, experto en guerra y el campo de batalla ,talento para la magia
Relationshipamor, pasión,se enamoran en un punto d la historia, sexo

Chapter samples

1
Chapter 1
Tap to expand and read the excerpt

El sol de la mañana apenas se filtra entre las nubes grises cuando dejo caer la espada de entrenamiento, el metal resonando contra la tierra endurecida del patio. El sudor se desliza por mi frente y se pierde en el cuello de mi camisa roja, esa que bordé con hilos dorados formando el patrón de una espada, mi firma, mi promesa. Mis brazos ...

El sol de la mañana apenas se filtra entre las nubes grises cuando dejo caer la espada de entrenamiento, el metal resonando contra la tierra endurecida del patio. El sudor se desliza por mi frente y se pierde en el cuello de mi camisa roja, esa que bordé con hilos dorados formando el patrón de una espada, mi firma, mi promesa. Mis brazos tiemblan ligeramente después de dos horas de combate contra sombras imaginarias, pero la satisfacción del esfuerzo me llena el pecho. Me seco la frente con el dorso de la mano y observo el horizonte. Las torres del castillo real se alzan a lo lejos, imponentes, recordándome lo que aún no tengo. Hijo bastardo de un noble que nunca reconoció mi existencia, aprendí muy pronto que en este mundo solo hay dos caminos: tomar lo que deseas o morir intentándolo. Y yo tengo hambre de más. El bolsillo vacío me devuelve a la realidad. Necesito dinero. Las clases de esgrima a los hijos de los comerciantes apenas me dan para comer, y mi ambición no se alimenta de migajas. Mientras guardo la espada en su funda, repaso los rumores que circulan por la taberna: una caravana de especias partirá al amanecer, escoltada por mercenarios novatos. Podría ofrecer mis servicios, o tal vez esperar en el camino y tomar lo que otros protegen tan mal. Pero antes de decidir, un destello capta mi atención desde las ventanas del castillo. Una figura femenina, cabello dorado como el trigo maduro, se mueve con gracia en la sala de entrenamiento real. La princesa. He oído que practica esgrima con su instructor, que sus ojos son del color del cielo después de la tormenta, que su padre la guarda como un tesoro. Aprieto la mandíbula. Los tesoros están para ser conquistados. El viento frío me acaricia la nuca mientras me pongo en marcha hacia la ciudad, pero mi mente sigue en aquella ventana, imaginando el momento en que nuestros caminos se crucen. Porque se cruzarán. Siempre lo hacen, cuando uno sabe esperar el momento preciso.

2
Chapter 2
Tap to expand and read the excerpt

El camino hacia la ciudad se extiende ante mí, polvoriento y lleno de baches, como la vida que he llevado hasta ahora. Pero hoy tomo una decisión: no seré un simple asaltante de caminos. Buscaré fortuna y gloria como mercenario, y que mi nombre comience a resonar en los oídos equivocados. Me dirijo a la taberna del Puente Roto, donde los...

El camino hacia la ciudad se extiende ante mí, polvoriento y lleno de baches, como la vida que he llevado hasta ahora. Pero hoy tomo una decisión: no seré un simple asaltante de caminos. Buscaré fortuna y gloria como mercenario, y que mi nombre comience a resonar en los oídos equivocados. Me dirijo a la taberna del Puente Roto, donde los hombres de armas suelen reunirse cuando no están saqueando o protegiendo algo. El lugar huele a cerveza rancia y sudor, pero es el mercado de almas más activo de la región. Me siento en una mesa cercana a la chimenea, pido una jarra de agua —nunca bebo antes de un trato— y observo. Un grupo de mercenarios veteranos ocupa la mesa del fondo. Sus armaduras están desgastadas, sus miradas, cansadas. No son mi objetivo. Busco a alguien con prisa, con necesidad, con bolsas que tintinean prometiendo paga. La puerta se abre de golpe y entra un hombre alto, vestido con túnicas de viaje, el rostro surcado por las arrugas de quien ha cabalgado muchas leguas. Lleva un sello colgado del cuello, el emblema de la casa comercial del norte. Se sienta solo, pide vino y comienza a revisar unos pergaminos con evidente preocupación. Me levanto y camino hacia él con paso firme. Mi camisa roja, aún húmeda por el sudor del entrenamiento, contrasta con la penumbra del local. —Buscas escolta —digo, más afirmación que pregunta. El hombre levanta la vista, sus ojos evaluándome de arriba abajo. Nota mi juventud, pero también la espada en mi cinto y la forma en que me mantengo erguido. —¿Y tú qué sabes de eso, muchacho? —Sé que una caravana de especias sale al amanecer y que los mercenarios que contrataste tienen más miedo que valor. Sé que necesitas a alguien que sepa lo que hace. El comerciante entrecierra los ojos. Saca una bolsa de monedas y la hace sonar sobre la mesa. —Tres piezas de oro por llegar hasta el puerto. Y una más si llegamos enteros. Tomo la bolsa sin apartar la mirada. No es una fortuna, pero es un comienzo. Y los comienzos, cuando se forjan con ambición, siempre terminan en gloria.

3
Chapter 3
Tap to expand and read the excerpt

La bolsa de monedas aún pesa en mi mano cuando el comerciante asiente, aceptando mi pregunta como parte del trato. Se inclina sobre la mesa y extiende un pergamino arrugado, señalando una ruta trazada con tinta desvaída. —Salimos por la puerta oeste, bordeamos el Bosque de los Susurros hasta el cruce del río Piedra. Ahí doblamos al sur, ...

La bolsa de monedas aún pesa en mi mano cuando el comerciante asiente, aceptando mi pregunta como parte del trato. Se inclina sobre la mesa y extiende un pergamino arrugado, señalando una ruta trazada con tinta desvaída. —Salimos por la puerta oeste, bordeamos el Bosque de los Susurros hasta el cruce del río Piedra. Ahí doblamos al sur, siguiendo la antigua calzada imperial. Son tres días de viaje, dos si apretamos el paso. Su dedo recorre el camino mientras habla, y yo memorizo cada recodo, cada posible emboscada. —Las amenazas —continúa, bajando la voz— son los bandidos que operan cerca del cruce. Una docena, bien armados, liderados por un desertor que se hace llamar el Cuervo. También hay lobos en el bosque, pero esos se alejan si llevamos antorchas encendidas por la noche. —¿Y los mercenarios que contrataste antes? —pregunto, guardando la bolsa en mi cinto—. ¿Qué pasó con ellos? El comerciante frunce el ceño. —Desertaron anoche. Dos de ellos resultaron heridos en una escaramuza con los hombres del Cuervo hace tres días. El líder, un tal Roderic, decidió que el riesgo no valía la paga. Se llevaron la mitad del anticipo y me dejaron plantado. Un golpe seco sacude la puerta de la taberna. Todos giramos la cabeza. Un hombre armado entra tambaleándose, la mano derecha presionando su hombro izquierdo, donde la sangre empapa la tela desgarrada de su gambesón. Varios mercenarios se ponen en pie, las manos en las empuñaduras. El herido avanza unos pasos antes de desplomarse contra la barra, jadeando. —El Cuervo... —murmura, la voz rasgada—. Está reuniendo hombres. Planea atacar algo grande esta noche. El comerciante palidece. Sus ojos se clavan en los míos con una mezcla de miedo y urgencia. —Si el Cuervo está movilizando a sus hombres, la caravana no estará segura ni en la ciudad. Tenemos que adelantar la salida. Ahora mismo. Su mano tiembla ligeramente mientras enrolla el pergamino, y en ese gesto leo todo lo que necesita saber: este hombre está aterrorizado, y yo soy su única esperanza.

Read more
Go to Top