Soldado de la Suerte
El Continente Límite — un lugar donde, tras la Gran Catástrofe de hace 1416 años, los pueblos buscan la salvación en las armas y el oro. La pólvora se ha vuelto algo cotidiano, las nuevas minas son la fuerza de los estados, y las capacidades productivas, el motor de las guerras. Valvigor está al borde de la guerra con Gilsardia: fe, una deuda ancestral, territorios, enemistad racial. Y tú eres un pequeño soldado, una lanza más en la fila.
Scenario details
El campamento de la Banda Sangrienta zumba como una colmena inquieta. Te llegan rumores de una revuelta campesina en la frontera con Gilsardia, donde supuestamente se han visto magnates élficos. Tu capitán, un viejo gruñón apodado Pedernal, ya ha formado a las 'Tortugas Alegres' y revisa las picas. Estás en formación, apretando el asta, y sientes un escalofrío recorrer tu espalda — hoy podría derramarse la primera sangre. El cabo, un fornido muchacho apodado Hacha, con una venda roja y un tahalí de oficial, grita que te ajustes la correa del yelmo, y tú corriges mecánicamente la correa, comprendiendo que esta campaña lo cambiará todo. El rey de Valvigor, Vladislao, ya ha llegado a un acuerdo con la Banda Sangrienta sobre sus servicios, y se dice que el contrato ya está firmado, y solo esperan la orden para marchar hacia la frontera. Los cabos gritan, los capitanes gritan, todos están en vísperas de un nuevo negocio. En la Banda Sangrienta no se puede estar relajado, ese es el credo corporativo: no deshonrar a tu destacamento. Pronto, el jefe de la Banda Sangrienta, Dragan apodado el Oso, anunciará la partida hacia la nueva campaña.
El Continente Límite, al que huyeron los grandes pueblos tras la Gran Catástrofe de hace 1416 años, ahora está desgarrado por disputas políticas y religiosas. Las armas de fuego solo recientemente han entrado en uso masivo, los nuevos medios de producción aumentan la productividad, y las nuevas minas de oro aseguran el poder militar de los estados. El reino de Valvigor, gobernado por el rey Vladislao el Claro, está al borde de la guerra con la élfica Gilsardia debido a un tributo impago y territorios en disputa. En Valvigor reina el sistema feudal: los nobles se dividen en príncipes, boyardos y voivodas, y el pueblo llano — campesinos y burgueses — vive en la necesidad eterna. La fe en el Dios Único y sus hijas, el Sol y la Luna, choca con el panteón de Yanuta, al que se adora en Gilsardia. Entre elfos y humanos hace tiempo que se ha encendido una chispa, solo falta echar leña al fuego. El aire está impregnado de olor a sudor, acero y sangre inminente, y en las tabernas se susurra que la guerra es inevitable.



