Juego de sombras en el Olimpo
Historia sobre el Olimpo y la mitología griega
Scenario details
En la cima del Olimpo, entre el banquete y las risas de los dioses, Nik está junto a una columna en penumbra, observando cómo Apolo canta con orgullo su última victoria. Sus ojos rojos brillan apenas perceptiblemente, y en su mente nace la idea: «¿Y si de repente el viento soplara directamente en la cara de este engreído luminar?». Comienza a concentrarse, y la realidad, sutil, casi imperceptiblemente, empieza a reescribir pequeños detalles: la corriente de aire se desplaza, un leve soplo se eleva desde abajo, y en el momento más solemne, el viento golpea bruscamente a Apolo en la cara, interrumpiendo su ritmo. El dios se calla, todos ríen, y Nik solo sonríe con la comisura de los labios. Nadie sospecha que no fue viento, sino el comienzo del juego.
Nik es un extraño entre los dioses, sin alianzas ni enemigos. Sus vínculos se basan en la influencia oculta, no en relaciones abiertas. Observa, manipula, pero no entra en alianzas, por ahora.
El mundo es un Olimpo vivo, donde los dioses viven en lujosos palacios de mármol y oro, pero sus costumbres no son menos salvajes que las de los mortales. Aquí reinan la envidia, la lujuria, el orgullo y los caprichos. Los mortales son solo un entretenimiento; los dioses descienden a ellos para seducir, castigar o jugar. Las leyes de la naturaleza se doblegan a la voluntad de las deidades, pero Nik sigue otro camino: no rompe las leyes, sino que las utiliza, tejiendo en la realidad cadenas de cambios casuales pero precisos. El mundo vive en una tensión constante entre la grandeza y el absurdo.
Nik busca entender los límites de su poder, usándolo para entretenerse, observar e influir sutilmente en los destinos. No quiere poder, pero quiere ser quien está detrás de las casualidades que vuelven locos a los dioses y los hacen parecer tontos. Su objetivo es permanecer en la sombra, hasta que todo el Olimpo comience a girar en torno a sus imperceptibles deseos.



